Tenía muchas cosas que contar y aprovecho este ratillo después de cenar par ir colgando otro de los posts pendientes. La excursión a Monkey Mountain fue una de las primeras salidas fuera del campús. Animado Kyle el canadiense me fui a la aventura. Monkey mountain es como se conoce vulgarmente al Kam Shan country Park, uno de los muchos parques naturales en la península de Kowloon. Para llegar allí tuvimos que coger el autobús 138 desde Yau Ma Tei. Nosotros nos bajamos antes de la parada de Kowloon reservoir, aunque dicen que es mejor llegar hasta esta. Íbamos un poco a ciegas a penas habíamos leido un par de referencias en internet sobre lo que nos íbamos a encontrar. Sólo sabíamos que había monos, y al parecer peligrosos. La gente en el autobús nos advertía que fuésemos con cuidado, que había habido casos graves de ataques a turistas. Eramos 6 los inconscientes que habíamos decidido hacer la ruta, sólo iba a ser un paseito de unos minutos para disfrutar de las vistas desde la montaña. Will, Andrew, Tom, Kyle y Jonhy (bananas). Kyle mide dos metros y con una barba bien espesa, me inspiraba confianza para afrontar la aventura, estaba seguro que él nos protegería.


Bajamos del autobús y las primeras fieras se abalanzaron hacia la marquesina. Estábamos rodeados, por donde mirábamos había monos, gritaban, aullaban y parecían hambrientos. Nadie llevaba comida en las mochilas, así que no había razón para que nos atacasen. Yo me puse detrás de Kyle y enfilamos calle arriba buscando la entrada del parque.

Notaba en todo momento que nos observaban, que nos olían que en cualquier momento podían saltar sobre nosotros y arrancarnos los ojos. Kyle y Jonhy cogieron dos palos de bambú que encontramos en el suelo. El sendero discurría entre árboles tropicales y cañas, parecíamos estar a mil quilómetros de la civilización pero entre los claros de la vegetación de podían observar los rascacielos.


Ya empezaba a caer el sol y al llegar a una de las bifurcaciones del sendero decidimos dar media vuelta desandar el camino. Aún pudimos presenciar una pelea territorial entre simios. Los gritos eran ensordecedores y resonaban entre la vegetación. Al final el más valiente de todos no fue Kyle, todo lo contrario, fue el que primero que decidió salir pitando de allí, eso sí, sin soltar el palo.
Para recuperarnos del susto nos fuimos Kyle, Jonhy y yo a un bufet koreano donde nos pusimos las botas a base de carne y arroz. La curiosidad del restaurante era que tenía una plancha en medio de la mesa donde te cocinabas tu mismo las viandas. Ojo con la comida coreana, es bastante picante.

Por último terminamos el día en un tejado de causeway bay, con un par de cervezas y contando nuestras aventuras y valentía al enfrentarnos a tales peligros, nos sentíamos más hombres que nunca. Otra Tsin Tao, que nos la merecemos!!
