martes, 9 de marzo de 2010

Cheung Chau 27/02/10

Aunque el día salió nublado y con una espesa niebla no nos acobardamos y decidimos seguir con el plan previsto para visitar la isla de Cheung Chau. Para llegar a nuestro destino debemos coger un ferry en Central Pier. Hay de dos tipos el lento y el rápido, nosotros no quisimos esperar y nos subimos en el lento. 40 minutillos después estábamos en el puerto de Cheung Chau. Esta isla no se escapa del turismo y aunque en la lonely planet dice que es un pueblo de pescadores, hay turistas y chiringuitos por todas partes. Tal vez me hice la idea de encontrar una isla semidesierta y con cuatro casas, por eso al llegar y ver el paseo repleto de restaurantes y gente me deprimí un poco.



Tuvimos suerte y en cuanto llegamos a la isla, la niebla desapareció y empezó a caer un con aplomo que nos acompañaría todo el día. Lo más destacado de la isla son sus playas, el templo Pak Tai (interesante porque está justo enfrente de una cancha de baloncesto, parece de todo menos un templo) y la cueva de Po Tsai (más bien el agujero y estrecha grieta de Po Tsai). Mis acompañantes era la segunda vez que iban y me hicieron de guía. Primero Kwun Yam Wan (afternoon beach) donde se puede practicar windsurf.

Después de visitar la playa, volvimos al pueblo para recorrer el paseo marítimo dirección a la cueva del tesoro pirata.


El paseo marítimo pintaba un poco triste y solitario, había gente pescando en la orilla del puerto. Por cierto, la isla no tiene tráfico rodado y la única forma de desplazarse es con bicicleta, y el que no sabe montar se las apaña bastante bien para moverse.


Como os decía la cueva es sólo un agujero en el suelo al que le sigue una grieta. Aunque la foto de abajo sale iluminada, la oscuridad era total. Mi primera experiencia en espeleología. Megan llevaba una linterna bastante birriosa, pero con los móviles y las cámaras no apañamos, en apenas 5 minutos se cruza la cueva de punta a punta.


Por último, comida en uno de los restaurantes, el más barato por supuesto, paseo hasta el punto más alto de la isla (Norte) y de nuevo al Ferry. Antes de irnos nos tomamos unos helados en una de las calles del pueblo.

Con el calor que hacía lo que más apetecía era echarse una siesta.

De vuelta con Charlotte y Alister. Megan hizo la foto. Yo estaba para el arrastre, el sofocante calor me había matado, lástima no haber llevado bañador.

Monkey Mountain 12/02/10

Tenía muchas cosas que contar y aprovecho este ratillo después de cenar par ir colgando otro de los posts pendientes. La excursión a Monkey Mountain fue una de las primeras salidas fuera del campús. Animado Kyle el canadiense me fui a la aventura. Monkey mountain es como se conoce vulgarmente al Kam Shan country Park, uno de los muchos parques naturales en la península de Kowloon. Para llegar allí tuvimos que coger el autobús 138 desde Yau Ma Tei. Nosotros nos bajamos antes de la parada de Kowloon reservoir, aunque dicen que es mejor llegar hasta esta. Íbamos un poco a ciegas a penas habíamos leido un par de referencias en internet sobre lo que nos íbamos a encontrar. Sólo sabíamos que había monos, y al parecer peligrosos. La gente en el autobús nos advertía que fuésemos con cuidado, que había habido casos graves de ataques a turistas. Eramos 6 los inconscientes que habíamos decidido hacer la ruta, sólo iba a ser un paseito de unos minutos para disfrutar de las vistas desde la montaña. Will, Andrew, Tom, Kyle y Jonhy (bananas). Kyle mide dos metros y con una barba bien espesa, me inspiraba confianza para afrontar la aventura, estaba seguro que él nos protegería.






Bajamos del autobús y las primeras fieras se abalanzaron hacia la marquesina. Estábamos rodeados, por donde mirábamos había monos, gritaban, aullaban y parecían hambrientos. Nadie llevaba comida en las mochilas, así que no había razón para que nos atacasen. Yo me puse detrás de Kyle y enfilamos calle arriba buscando la entrada del parque.


Notaba en todo momento que nos observaban, que nos olían que en cualquier momento podían saltar sobre nosotros y arrancarnos los ojos. Kyle y Jonhy cogieron dos palos de bambú que encontramos en el suelo. El sendero discurría entre árboles tropicales y cañas, parecíamos estar a mil quilómetros de la civilización pero entre los claros de la vegetación de podían observar los rascacielos.

Ya empezaba a caer el sol y al llegar a una de las bifurcaciones del sendero decidimos dar media vuelta desandar el camino. Aún pudimos presenciar una pelea territorial entre simios. Los gritos eran ensordecedores y resonaban entre la vegetación. Al final el más valiente de todos no fue Kyle, todo lo contrario, fue el que primero que decidió salir pitando de allí, eso sí, sin soltar el palo.

Para recuperarnos del susto nos fuimos Kyle, Jonhy y yo a un bufet koreano donde nos pusimos las botas a base de carne y arroz. La curiosidad del restaurante era que tenía una plancha en medio de la mesa donde te cocinabas tu mismo las viandas. Ojo con la comida coreana, es bastante picante.

Por último terminamos el día en un tejado de causeway bay, con un par de cervezas y contando nuestras aventuras y valentía al enfrentarnos a tales peligros, nos sentíamos más hombres que nunca. Otra Tsin Tao, que nos la merecemos!!

Poon Choi 20/02/10

Aún tenía algunos posts pendientes de las tradiciones para el nuevo año chino. El mismo día de la escalada en el Peak, me fui con los amigos del i-Village (comunidad de estudiantes que organiza eventos semanalmente) a una pequeña aldea en New Territories, para saborear una cena típica de año nuevo chino. Cuando digo aldea no os imagineis un pueblo perdido en el monte, no. El pueblo estaba perdido, pero entre rascacielos y autopistas.


La comida en cuestión se llama Poon Choi, en cantonés o Peng Cai en mandarín. La traducción literal es olla de verduras y es una especie de cocido con ternera, pato, pollo, gambas, pulpo, lechuga y champiñones. Se sirve en mesas redondas con fogón eléctrico para que se mantenga caliente durante toda la cena. Cuanto más ensuciemos la mesa, será señal de que se ha disfrutado de la comida.


La cena estaba amenizada por un grupo de dragones bailarines y percusionistas chinos. La primera vez que te topas con un espectáculo de estos te emocionas, sientes que estás disfrutando de un espectáculo único, de una cultura diferente. Pero os aseguro que la segunda vez ya cansa.

Ojo, recomiendo no pasar más de 10 minutos viendo un espectáculos de estos, el brain damage que puedes sufrir por la estridencia de la música puede ser importante. Nosotros tuvimos la suerte de escucharlos durante dos horas, casi me suicido. A los demás chinos parecía no importarles pero yo ya estaba hasta las narices de los platillitos y el timbal.



La cena se celebró en una explanada enfrente de un antiguo templo, dicen que es uno de los pocos que quedan en Hong Kong. Habilitaron para la ocación unas carpas y mesas para que se sentasen los invitados.

Las casas de los alrededores no superaban las dos alturas, pero sólo a 100 metros teníamos una avenida con 5 carriles, el metro y edifcios de más de 20 alturas.

Dentro del templo habían también familias cenando.


Aunque la comida no era nada del otro mundo me gustó el ambiente. Un final perfecto para un día completo, escalada y comida típica.