La comida en cuestión se llama Poon Choi, en cantonés o Peng Cai en mandarín. La traducción literal es olla de verduras y es una especie de cocido con ternera, pato, pollo, gambas, pulpo, lechuga y champiñones. Se sirve en mesas redondas con fogón eléctrico para que se mantenga caliente durante toda la cena. Cuanto más ensuciemos la mesa, será señal de que se ha disfrutado de la comida.
La cena estaba amenizada por un grupo de dragones bailarines y percusionistas chinos. La primera vez que te topas con un espectáculo de estos te emocionas, sientes que estás disfrutando de un espectáculo único, de una cultura diferente. Pero os aseguro que la segunda vez ya cansa.
Ojo, recomiendo no pasar más de 10 minutos viendo un espectáculos de estos, el brain damage que puedes sufrir por la estridencia de la música puede ser importante. Nosotros tuvimos la suerte de escucharlos durante dos horas, casi me suicido. A los demás chinos parecía no importarles pero yo ya estaba hasta las narices de los platillitos y el timbal.
La cena se celebró en una explanada enfrente de un antiguo templo, dicen que es uno de los pocos que quedan en Hong Kong. Habilitaron para la ocación unas carpas y mesas para que se sentasen los invitados.
Las casas de los alrededores no superaban las dos alturas, pero sólo a 100 metros teníamos una avenida con 5 carriles, el metro y edifcios de más de 20 alturas.
Aunque la comida no era nada del otro mundo me gustó el ambiente. Un final perfecto para un día completo, escalada y comida típica.
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